ety

HISTORIA DE BELORADO

Belorado se ubica al este de la provincia de Burgos, próximo a la Rioja, en la falda de la Sierra de la Demanda.  Su situación es estratégica al ser el paso natural entre el valle del Ebro hacia la Meseta durante la Reconquista.

Los orígenes de Belorado (Bellumfori) quedan reflejados en los yacimientos celtibéricos (autrigones) como es el caso de "La Muela" y romanos existentes, como es el caso de "La Mesa", o bajo las actuales ruinas de su antiguo castillo. Especial importancia tiene la vía romana que desde Cerezo de Río Tirón (Segasamunculum), siguiendo por el denominado Camino Viejo, paralelo al río Tirón, llegaba a Belorado, cruzando el citado río por el lugar del Puente Viejo cuyos restos se sitúan junto al actual, accediendo al cerro de "La Mesa", donde se encontraba el oppidium romano antecesor de Belorado (Abásolo, 1974: 11). Desde allí probablemente arrancaría otro camino secundario que comunicaría con Auca (Villafranca Montes de Oca).

Los restos de ésta época hallados a lo largo del tiempo son variados: un magnífico conjunto epigráfico de estelas funerarias, tesela hospitalis, vasija de grandes dimensiones,aras votivas, monedas....

Con la conquista por parte de Alfonso I de todo el territorio de la zona Oca- Tirón, se erige la fortaleza de Cerezo de Río Tirón con el fin de detener las primeras avanzadas árabes. Quizá la fortificación de Belorado se levante en este momento, ya que la existencia del cercano monasterio de San Miguel de Pedroso (759), demuestra que la región fue  repoblada tempranamente, a pesar del cercano peligro musulmán.

Sin embargo estas campañas musulmanas, es especial la protagonizada por Abderramán I (759) que penetra hasta territorio alavés, dejaron el territorio semidespoblado hasta finales del siglo VIII y comienzos del IX, iniciándose así a mediados de éste último (855-870) la nueva repoblación de este territorio. Es en éstos momentos, durante el mandato de Alfonso III, cuando algunos autores pretenden ver la configuración defensiva de la fortaleza del castillo.

Por otra parte, la presencia de las cuevas de San Caprasio atestigua el proceso eremítico en este momento histórico. Sin embargo, la primera mención documental referida a la villa es del año 945, en que se dice que Belorado"era en cabo del condado", es decir, fronterizo con Navarra (Cadiñanos, 1987 149).

Cuando a principios del siglo XI Sancho III el Mayor de Navarra modificó el trazado del Camino de Santiago, desde Nájera hasta Santo Domingo de la Calzada y  Belorado, nuestra villa alcanzará momentos de esplendor, participando durante la Edad Media de un amplio desarrollo social y económico debido a su emplazamiento en el Camino  de Santiago confirmando definitivamente su personalidad. Su significado como punto importante queda patente en las guías de peregrinación- Americ Picaud la menciona con el nombre de Belforatus o "hermoso agujero"- y la mejora de sus infraestructuras queda reflejado en la mejora de los caminos, realizada por Alfonso VI, la construcción de un puente sobre el río Verdeancho y la mejora del primitivo Puente del Canto, sobre el Tirón, atribuido a San Juan de Ortega, así como el antiguo Hospital de los Caballeros, del cual lo único que queda en la actualidad es la Ermita de Nuestra Señora de Belén, o la antigua ermita de San Lázaro (hospital de peregrinos e infecciosos).

Después de la toma de Ibrillos, el territorio es sumido a los reyes de Asturias y el Conde Fernán González se instala en  Belorado entre 970 y 975.

La geografía hace a Belorado punto de unión entre la sierra ganadera  y la fértil vega del río Tirón. Su situación  entre Castilla y Navarra  la harían objeto de apetencia de ambos reinos, diversos hechos de armas hablan de destrucciones y conquistas.

Su castillo fue plaza fuerte del Cid, y fue entregado como dote de bodas del rey Fernando I (primer rey castellano), al casarse con Jimena.

En el siglo X, el primer conde castellano independiente, Fernán González, como agradecimiento de que en Belorado le libraron de los hierros con los que le tenía preso el Rey de Navarra (como dice el poema de Fernán González), concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado los lunes, costumbre que anima todavía la plaza mayor porticada.

Belorado entrará en la historia del siglo XII, tras la muerte de Alfonso VI (1109), en un periodo de enfrentamientos generalizados con el comienzo del reinado de doña Urraca y su esposo, el rey aragonés Alfonso I el Batallador, dando lugar a un nuevo periodo bélico en todo el territorio castellano. Así en 1114 Alfonso I se apodera de los castillos de Belorado, Cerezo, Cellorigo, Villafranca, Petralada, Poza, Burgos, Castrojeriz, quedando la mayor parte de la provincia de Burgos bajo su control hasta su muerte en 1134.

Es en éste momento cuando Belorado comienza a adquir imortancia ya que el citado rey concedió a Belorado su Fuero (1116, agosto, 6), de señalada importancia histórica ya que entre sus beneficios le concedió celebrar una feria, posiblemente la más antigua documentada en la historia de España. El resultado de estos privilegios será el crecimiento económico y poblacional de la villa, especialmente por la aportación de francos y judíos, que al amparo del comercio y del camino jacobeo, se establecen en la villa.

En el fuero se concedía exección de portazgo, el establecimiento de un mercado semanal los lunes y una feria anual or San Miguel, libertad de usar el Tirón, derech a instalar puests permanentes de venta y reparación a lo largo del Camino de Santiago, etc. El texto del fuero es elocuente en la percepción de diversos aspectos importantes de la villa. Por una parte, se manifiesta la existencia de una importante comunidad de pobladores castellanos, francos y judíos, pudiendo éstos elegir libremente juez; por otra parte, se sospecha la importancia del Camino y las obligaciones que la población tenía en su reparación al indicar que  "et foro de camino , sicut constitutium habuetis antea de vendere atque reparare", además, la notificación sobre la existencia de diversas iglesias, aunque no se relacionan, al eximirlas del pago de las tercias al obispado de Burgos "et de vestras ecclesias non detis alias tertias ad episcopum...et nostros clericos ad nostrum talentum" permite plantear un amplio desarrollo social y religioso de la villa.

Tras la muerte de Doña Urraca (1126) y con el reinado de Alfonso VII se inició una época de paz y prosperidad en todo el territorio castellano, periodo que se mantendrá durante el reinado de Alfonso VIII, quien acrecentó los privilegios de Belorado, quizá como consecuencia de su residencia durante algún tiempo en la villa. Belorado es cedida por el monarca en 1170 en arras a su esposa, pero de nuevo en 1188 la entregaba en dote a su hija Berenguela ante su posible matrimonio con el infante Conrado, hijo de Federico I de Alemania (Cadiñanos, 1987:149) 

Sin embargo, tras la muerte de Alfonso VIII, se originó entre los nobles castellanos un proceso de luchas intensivas para hacerse con la tutoría del infante don Enrique y a su vez por el control político de Castilla. Con la llegada al trono de Fernando III (1217-1252), el nuevo monarca pretende controlar la situación, para lo cual obliga a los Lara a renunciar a las tenencias que venían disfrutando en el reino de Castilla, entre las que se encontraban las fortalezas de Nájera, Cerezo de Río Tirón, Belorado, Villafranca Montes de Oca y Pancorbo. El Conde de Lara se declara en rebeldía, sus huestes entran en el alfoz de Belorado destruyendo por completo la villa y su castillo y sus habitantes son quemados y matados: "...et vivieron a Bilforado, e mataron y omnes e quebrantaron la villa e robaron e levantaron quanto y fallaron, e quisieron quebrantar las eglesias, e vinieron a Santa Maria por quebrantar la eglesia, e cegaron y omnes, e non quisieron yr quebrantar ninguna eglesia de la villa, e fueronse de la villa..." (López Bernal, 1907: 139-140). La villa fue levantada de nuevo en 1.222.

Su desarrollo fue en aumento y a principios del siglo XIII, en el reinado de Alfonso VIII, por privilegio real, pudo el Concejo de La Villa usar sello que legitimara sus documentos.

A la  mitad del siglo XIII la villa era muy populosa y rica como atesta el elevado número de iglesias. En 1247, además de la de Santa María la Mayor, se mencionan las de San Nicolás, San Pedro, San Miguel, San Martín, San Lorente, Santa Cruz, San Andrés y Santa María de Belén. De esta larga enumeración fueron iglesias parroquiales en la Edad Moderna la de Santa María la Mayor, la de San Pedro y la de San Nicolás. En la actualidad subsisten dos, puesto que la de San Nicolás se cerró al culto hacia 1908 y de ella sólo quedan  restos.

 

De manos del rey  Alfonso X "El Sabio"(1252-1284) a los cuatro años de ocupar el trono, Belorado recibirá importantes privilegios de carácter económico y social, que ayudan a su repoblación, destacando especialmente la donación que en 1256 hizo a la villa de gran número de propiedades. El gobierno de la fortaleza a finales del siglo XIII pasará a don Lope Díaz de Haro (Cadiñanos, 1987: 149)

En 1256 se inició el trazado de un recinto amurallado, se reestructura la población y es considerado un hito clave en la génesis urbana de Belorado. El Rey ordenó trasladarse junto al Verdeancho, bajo la protección del castillo. De ésta manera se obligó a la aljama judía a concentrarse en el exterior de la cerca, en el barrio de la Cal Nueva (call es un término de origen hebreo que vale por "asamblea", "comunidad") al otro lado del riachuelo.

A partir de entonces, la comunidad judía y la mudéjar habitaron preferentemente en espacios urbanos diferenciados; el barrio de la Call Nueva se situaba a ambos lados del Río Verdeancho, la actual Calle Mayor, hasta la ermita de Nuestra Señora de Belén. Ésta sería la primera vez que las autoridades cristianas de la villa cuidaron de que el hábitat judío permaneciera concentrado, dificultando así el contacto y la contaminación ideológica de los distritos cristianos.

El espacio reservado para el grupo mudéjar se localizaba en el actual barrio del Corro, pegado al lienzo de la cerca que delimitaba la población por el sur, entre la Torre del Homenaje (el castillo) y la puerta de la Caldera, la medieval puerta de Doña Blanca. 

El compromiso de reparación de la Torre y de la muralla, hasta el arco de Doña Blanca recayó sobre éstas dos comunidades, la judía y la mudéjar, a cambio gozaron en algunas épocas del privilegio real de no pagar impuestos en las arcas reales.     

A comienzos del siglo XIV Belorado experimenta un profundo cambio en su desarrollo urbano. La documentación histórica nos muestra la preocupación que tiene la corona en tiempos de Fernando IV por dicho desarrollo. Es en éstos momentos cuando se ve la construcción de la nueva cerca y la dotación de privilegios y exenciones económicas a la villa que potencian su vitalidad, obligando la reparación del Puente del Canto y el mantenimiento de las murallas y el castillo.

Sin embargo, a éstos periodos de paz le sucederán momentos de incertidumbre y destrucción. Belorado se vió envuelta en las luchas civiles protagonizadas por Enrique II y Pedro I "El Cruel", especialmente en 1360, cuando Pedro atacó Nájera, coronándose rey de Castilla. Belorado se mantuvo fiel a Pedro I, mientras que Enrique II tuvo que refugiarse en Navarra. Seis años después, ras la muerte de Pedro I, en 1366, Enrique II, acompañado por Beltrán  Du Guesclin y sus Compañías Blancas, entraron en el pueblo arrasando gran parte de su entorno urbano, debiendo sufir las consecuencias de tales enfrentamientos durante casi veinte años. La villa perdió su carácter de realengo y se castigó especialmente a la judería a quien fue agravando con impuestos y trabajos cada vez más humillantes, provocando con su diáspora  la decadencia de Belorado.

Enrique II entregará Belorado, junto con Cerezo de Río Tirón, Haro y Briones, a su hermano Sancho al coronarse en Burgos en 1366. Dicha cesión es parte de la consecuencia general a la que se vió forzado el nuevo rey, como pago de las abundantes mercedes a los que le habían apoyado en su guerra fraticida contra Pedro I. Todas éstas villas seguirán en adelante un proceso histórico paralelo, ya que su hija, doña Leonor, duquesa de Albunquerque, casada con Fernando de Antequera-intitulado como rey Fernando I de Aragón (1412-1416) tras el compromiso de Caspe-, reúne en su señorío un gran número de villas y lugares.

El infante don Fernando de Antequera, desde 1402 establece contactos con la corte de Navarra para concertar el matrimonio de su segundo hijo, Juan, con la infanta Isabel. En la dote propuesta se incluía el señorío de Lerma, así como los lugares de Haro, Briones, Cerezo y Belorado, junto con las demás villas y lugares que tanto él como Leonor de Albunquerque poseían en La Rioja (Mitre Fernández, 1968: 211). Sin embargo, el fallecimiento de la infanta doña Isabel de Navarra, aunque anuló completamente todas las negociaciones entre ambos reinos, creará un nuevo precedente en las pretensiones del reino navarro en éstos territorios.

Aún así, Juan de Antequera recibirá en 1418 (septiembre, 10) de su madre, doña Leonor de Albunquerque, el señorío en el que se circunscriben las villas de Haro, Belorado y Cerezo, reclamándo a éstas poblaciones el reconocimiento a su persona como rey y señor. Su matrimonio con la infanta doña Blanca le aupará en la corona de Navarra, y pocos años después, tras la muerte de su hermano Alfonso, rey de Aragón-Alfonso V El Magnánimo 1416-1458-, unificará bajo su corona ambos reinos- Juan de Navarra y II de Aragón, 1425-1479-, (Cadiñanos, 1987: 149). Sin embargo, tales pretensiones por parte del reino de Aragón, serán anuladas radicalmente por Juan II, quien cansado de las intrigas de los Lara, desposeyó a dicho linaje de sus posesiones en Castilla.

A pesar de las pretensiones que el reino de Aragón mantiene sobre dichos territorios, Juan II, otorga la villa de Belorado el ocho de diciembre de 1429 a su Camarero mayor, don Pedro Fernández de Velasco, (Primer Conde de Haro, 1418-1470), por sus buenos y leales servicios, quien se destaca en la defensa de la frontera frente a las pretensiones navarro- aragonesas. El conflicto sobre la posesión de dicho señorío sólo se verá resuelto definitivamente en 1440, cuando Alfonso V de Aragón renunció a sus derechos a favor de don Pedro Fernández de Velasco.

En 1446 se unieron las diversas iglesias de la villa aunque , en el último tercio de éste siglo, desaparecieron varias de ellas: San Martín, sita e la actual calle de Raimundo de Miguel, San Miguel en el camino de Redoña y San Lorenzoubicada donde, a principios del Siglo XX se levantaba el matadero.

De ésta forma Belorado pasará a formar parte de la Casa Velasco, un extenso señorío que ocupa en los términos más cercanos a ésta población las villas de Briviesca (1366), Medina de Pomar (1369), Belorado (1429), Quintanaloranco (adquirida por compra a los Rojas en 1407), Monasterio de Rodilla (1412), Cerezo de Río Tirón (1444), Frías (1446) y las poblaciones riojanas de Haro y Casalarreina. A éste ingente patrimonio en la Rioja Burgalesa pronto se le añadirán los lugares de Tormantos y de Rojas (1510).

El Conde instituyó mayorazgo en 1458 a favor de su hijo don Luis Fenández de Velasco con la dotación de Belorado, el Valle de San Vicente y otras posesiones. Al morir don Luis en 1496, sin sucesión masculina, se incorporó la villa al mayorazgo principal de la casa de los Velasco, del que era titular don Bernardino Fernández de Velasco, Condestable de Castilla y Duque de Frías.

La preocupación de los Velasco por su patrimonio en ésta villa es amplia y queda refrendada en las diversas fundaciones monásticas que protegieron (Convento de San Francisco, Monasterio de Santa Clara, Monasterio de Nuestra Señora de Linares), y en el interés que manifestaron por el estado de ruina de su castillo. Así se desprende de las informaciones que solicitan en 1502 sobre dicha fortaleza, o los informes necesarios sobre las urgentes obras de reparación que precisa el castillo, reclamadas en 1531. A su vez, bajo el amparo de los Duques de Frías, Belorado conocerá un momento  de esplendor manifestado en sus casas blasonadas y palacios, y en la dotación de las instituciones religiosas con ricas obras de orfebrería.

Al finalizar el siglo XV se producen diversas circunstancias históricas de primer orden en el proceso histórico de Belorado. La primera de ellas tiene que ver con la expulsión de los judíos de los reinos de Castilla (1492) lo que afectó directamente a ésta villa, por la importancia que la aljama judía mantenía en dicha población, así como en las cercanas de Cerezo y Briviesca. Queda atestiguada fehacientemente la presencia judía en el Barrio del Corro, al pie del castillo (López Bernal, 1907: 129-130)

Con la adscripción de Belorado al señorío de los Velasco se producen nuevos cambios a nivel jurisdiccional en el señorío, que afectan directamente a ésta villa, ya que a finales del siglo XV el condestable Bernardino exime a las villas de Fresneda de la Sierra y Villanueva, de la jurisdicción de Cerezo, para anexarlas a la de Belorado, lo que será ratificado posteriormente por la Chancillería de Valladolid en 1534, a pesar de la oposición directa de la jurisdicción de Santo Domingo de la Calzada.

Sin embargo el crecimiento se frena a finales del siglo XVI, especialmente por la pérdida de la importancia del Camino de Santiago tras la ruptura de la unidad religiosa en Europa. Durante los siglos XVII y XVIII otros factores contribuyen decisivamente a la pérdida de significación histórica de la villa, entre los que se pueden mencionar las epidemias, las crisis monetarias, las malas cosechas, la continua emigración, la creciente presión fiscal, etc. La evolución poblacional de Belorado atestigua dicha pérdida cualitativa, habiendo pasado en 1587 de 700 vecinos a sólo 314 en el año 1628, con una leve recuperación a mediados del siglo XVIII, donde se contabilizan 402 vecinos, incluidos nobles y clero secular, y en 452 son los vecinos que aporta el Diccionario de Madoz a mediados del siglo XIX.

El devenir histórico e los siglos XVII y XVIII viene marcado por la atonía generalizada que atraviesa toda la Meseta. La situación de Belorado no es ajena a la crisis en todo el territorio castellano. La administración de la ciudad queda en manos de la alta nobleza, más preocupada por administrar sus propios beneficios que en consolidar los intereses y privilegios de la villa. Las continuas demandas de numerario por parte de la Corona,la mayor incidencia de las epidemias, las crisis económicas motivadas por las malas cosechas y la quiebra de la hacienda municipal dieron lugar a la progresiva decadencia económica.

Esta situación de penuria generalizada fue el causante de una disminución general de la población, como se ha visto anteriormente. Las crisis económicas, y las pestes fueron comunes a todos los pueblos de Castilla. La falta de actividades productivas conllevaron el incremento de la mendicidad y el abandono de la ciudad en busca de otros recursos, agravando la situación la propia emigración de un buen número de habitantes, debido a factores sociales y económicos. Dos factores que marcaron definitivamente éste abandono fueron, por un lado la expulsión de los moriscos, y por otro el traslado de gran parte de la nobleza local a la capital del reino, instalándose en Madrid o en Valladolid, quienes recibían de sus  administradores las rentas que obtenían de sus haciendas, dejando mermados los escasos recursos con los que podría contar la población de la ciudad.

Ya iniciado el siglo XVIII la comarca del Tirón comenzó  a rehacerse de las crisis económicas anteriores. Las actividades en las que se desenvuelve la población de Belorado en éste siglo están ligadas fundamentalmente a los aprovechamientos agrícolas y forestales. Aunque  existían algunos establecimientos textiles de menor cualificación, especialmente de lino y cáñamo, su estancamiento industrial se debe principalmente a la excesiva regulación por parte del Duque de Frías, señor de Belorado. Éstos talleres de paños remontan sus orígenes a la Baja Edad Media y representan la actividad económica de un buen número de familias.

Así el Catastro de la Ensenada (1752) presenta una actividad industrial bastante escasa, en la que se dice que hay diez molinos harineros " que están y muelen con agua que saca por un cauce del río Tirón", y dos batanes en el mismo cauce, reflejo de una artesanía textil en la que se ocupan varios vecinos. Por otra parte, la actividad comercial es también bastante escasa, en la que únicamente se identifican una taberna, dos mesones, dos posadas, una tienda de abacería para vender pescado y aceite, y una carnicería. La existencia de dos mesones y dos posadas nos manifiesta la situación estratégica de la villa tanto como centro comarcal, como por ser una importante localidad en las ruta de Burgos a La Rioja.

Iniciado el siglo XIX, Belorado se verá inmersa también en el conflicto bélico de la Independencia, aunque el grado de participación en la misma parece que fue escaso, ya que la situación estratégica de poblaciones como Pancorbo, Briviesca, Burgos y Logroño, como sedes de acantonamiento de los ejércitos napoleónicos, hicieron de la villa beliforana un punto de atención secundario. Además, la manifiesta actitud pro-francesa del Duque de Frías, quien llegó a firmar la Constitución de Bayona, hizo que sus posesiones fuesen en muchos casos respetadas. Aún así, parece ser que se ocuparon algunas de las principales casas y conventos de la ciudad, y de la misma manera se comprenden las escasas actuaciones de los guerrilleros españoles, quienes, al mando de Francisco de Longa, atacaron la villa y la comarca de Belorado con el único fin de reanudar escasos botines monetarios o de abastecimiento para sus tropas.

Por su parte, Madoz nos presenta a mediados del siglo XIX, un pueblo eminentemente agrícola, con alguna actividad industrial menor: "una fábrica de paños, 13 molinos harineros, una tenería, varios talleres de sayal, algunos tejedores de lienzo, tres hornos de alfarería al pie del castillo y bastantes de pan" tejido de lino y cáñamo, a la vez que  se menciona una parada de postas por estar ubicada dicha villa en el camino de Madrid a Francia.

La despoblación de toda la cuenca del Oca- Tirón durante los años 60-70 del siglo XIX nos manifiestan una realidad en proceso de profundo declive, con el consiguiente abandono de los pueblos a favor de la reactivación únicamente de sus enclaves principales, especialmente Briviesca, Belorado y Pradoluengo

SELLO DEL CONCEJO DE BELORADO

BELIFORANOS ILUSTRES

SIMÓN RUIZ EMBITO

Simón Ruiz Embito nació en Belorado (Burgos) aunque no consta con seguridad si a finales de 1525 o a comienzos de 1526. Sí está datado su óbito, el 1 de marzo de 1597, en Medina del Campo, la importante localidad ferial donde tenía el centro neurálgico de su activa red mercantil y de comunicaciones postales. Entre los publicistas que se han aproximado a la figura de Simón Ruiz y al ámbito de la actividad económica de su tiempo están, con Henri Lapeyre, Felipe Ruiz Martín y J.J. de Madariaga, algunos más, como A. Sánchez del Barrio y Emilio Olmos Herguedas.

Los estudios de Henri Lapeyre sobre Simón Ruiz Embito fueron de la máxima importancia por las claras explicaciones sobre la manera en que se llevaban a cabo los negocios bancarios y de cambio en el siglo XVI y porque ofrecían una imagen del círculo europeo de corresponsales de los banqueros de Medina del Campo.

El académico de la Lengua, Valentín García Yebra, recogía un párrafo sobre el archivo de Simón Ruiz a partir de ciertos parangones que “justifican de alguna manera que Simón Ruiz prestase dinero a Felipe II y que el monarca utilizase con frecuencia la información generada por la correspondencia del Correo propio del comerciante”.

Los negocios y la correspondencia relacionaron a Simón Ruiz con financieros europeos de tanto peso como los Fúcar, los Lomellini, los Spínola, los Bonvisi o los Balbani. “Lo que sobre todo se aprecia -para el profesor Lapeyre- en las cartas que intercambia con los banqueros de Lyon, los Bonvisi y los Balbani, es la excelencia de su información sobre lo que pasa en la Corte de España, un juicio muy seguro sobre la situación política cuando se refiere a la guerra de Granada o a los disturbios en los Países Bajos, es también una gran habilidad en el arte de especular sobre los cambios o la conclusión de los asientos”.

 

 

Durante una primera etapa Ruiz Embito actuó como mercader dedicado a la importación y al comercio. Luego amplió sus actividades de regatón o revendedor de mercancías y asumió la labor de financiero con los perfiles propios de la época. Por otras latitudes europeas encontró oportunidades para el cambio monetario mediante un sistema de letras de cambio (”cambium per litteras”). Así vino rodada su participación en la fórmula de los llamados asientos. Por la inexistencia de un banco estatal y de una Hacienda Real con la representación necesaria en los Países Bajos, el soberano español había de quedar en manos de los hombres de negocios con la implantación sustitutoria para garantizar transferencias y asegurar pagos a fecha fija, así como anticipos para la política y para las acciones bélicas. Determinados asientos eran concertados, en España, con el Consejo de Hacienda; otros se iniciaban con la firma del Gobernador de los Países Bajos, para su ratificación en Madrid.

 

Nuestro hombre de negocios, afincado en Medina del Campo, participó en los asientos para la Corona entre los años de 1576 y 1588. Mereció, por tanto, con todo derecho, la consideración de mercader-banquero, dentro de la tipología descrita por el historiador Raymond de Roover, cuando estudia el mercado del dinero en la Brujas medieval. Dejando a un lado a los usureros, prestamistas sobre prendas y alhajas con elevados intereses, distinguía entre cambiadores y mercaderes-banqueros. Los cambiadores efectuaban el trueque de monedas en metálico y ejercían la banca de depósito, como antecesores de los banqueros modernos. Los mercaderes-banqueros estaban capacitados, a su vez, para realizar transacciones de divisas mediante la letra de cambio.

La visión de Juan José de Madariaga relaciona la actividad cambiaria, en sentido amplio, con el seguimiento de la actualidad internacional: “Para que estas operaciones se llevaran a cabo con éxito, los comerciantes debían tener una maravillosa información de los precios del dinero en otras plazas, tanto nacionales como extranjeras; es decir, que en los mejores conocimientos de los cambios residía todo el intríngulis de estas operaciones y, por ello, normalmente, a mayor número de cartas informativas, más probabilidades de éxito en el negocio de banco. De ahí que Simón Ruiz, como todos sus compañeros de oficio, pasara el mayor número de horas de su vida sentado en su escritorio, pluma en ristre, husmeando, pidiendo e implorando nuevas misivas que le pusieran al corriente de cuanto sucedía. No nos olvidemos que no había periódicos ni revistas informativas. Pero no se trataba sólo de saber cómo se desenvolvía el comercio en el momento de escribir o de responder sino de darse noticias e informaciones sobre sucesos económicos y políticos que pudieran influir en los cambios de la moneda”.

 

El archivo de los Ruiz -Simón y su sobrino Cosme- posee un valor excepcional ya que no encuentra parangón en España por lo que se refiere a documentación de negocios de la época que provenga de un grupo de empresas de titularidad familiar. Su acumulación y conservación resultan excepcionales. La correspondencia suma más de cincuenta mil cartas, reunidas desde una larga lista de orígenes, en el transcurso de cuatro décadas. No sólo están las misivas recibidas sino también copias de una parte de las enviadas.

El año 1579 supera, en cuanto a movimiento epistolar, a todos los demás, con 2.620 cartas. A lo largo del tiempo se recibieron cartas en francés, en italiano y en portugués; pero en aquellos tiempos el castellano era una lengua extendida por encima de algunas fronteras para las actividades comerciales.

 

 

 

No faltaron contratiempos en el transcurso de la vida de Simón Ruiz. Las quiebras en cadena, producidas en Sevilla a partir del verano de 1567, recortaron la evolución de la sociedad mercantil que había montado para actuar desde el puerto ligado a las Indias. Desplazado a la capital andaluza, logró reducir pérdidas, aunque ya abandonó la aspiración a extender a gran escala sus negocios con América.

El embajador de España ante la Corte francesa, Juan de Vargas Mexía, implicó a Simón Ruiz en un caso de espionaje, colocándole en una situación embarazosa. Nada menos que Felipe II zanjó la cuestión, con una nota de su puño y letra, en el margen del documento acusatorio, en los siguientes términos: “Lo que se dice de Simón Ruiz no me convence. Tanto a él como a su hermano se les tiene por hombres de bien…”.

 

HIPÓLITO RUIZ LÓPEZ

 

Nacido en Belorado, diócesis de Burgos, el 8 de agosto de 1754, Hipólito Ruiz realizó sus primeros estudios de latinidad bajo la dirección de su tío, el sacerdote Basilio López. A los catorce años viajó a Madrid para estudiar, como practicante de farmacia, bajo la tutela de su otro tío, el farmacéutico Manuel López, con quien aprendió rudimentos de Lógica, Física experimental, Química y Farmacia. Estudió Botánica en el Jardín de Migas Calientes, bajo la dirección de Casimiro Gómez Ortega y Antonio Palau Verdera.

Hipólito Ruiz se formó, creció y maduró a la sombra de su tío político, Casimiro Gómez Ortega; como él, entendió que la Ciencia -la Botánica en particular- era una útil herramienta con la que acceder al poder, e hizo uso de ella. Su viaje expedicionario americano le sirvió para introducirse en los círculos de la Real Academia de Medicina, donde brindó a Gómez Ortega un apoyo incondicional, y para intentar establecer algunos monopolios personales sobre los productos naturales americanos con utilidad terapéutica; Hipólito Ruiz se convirtió en la figura española de referencia en lo relativo a la investigación farmacológica con vegetales ultramarinos. Su entronque familiar con Gómez Ortega le facilitó el abrir 'botica pública' y participar, siempre a la sombra de Ortega, en la organización profesional farmacéutica.

 

 

 

En abril de 1777, con apenas veintidós años y tan parca formación, recibiría, a través de Gómez Ortega, el encargo regio de dirigir una expedición científica a la América meridional; iría acompañado de otro joven español, José Pavón, dos dibujantes -José Brunete e Isidro Gálvez- y un médico de nacionalidad francesa, Joseph Dombey. La elección de Hipólito Ruiz, y la de los otros expedicionarios españoles, no debió ser nada fácil; en reiteradas ocasiones se ha puesto de manifiesto la premura con que hubo de gestarse este primer gran proyecto expedicionario ilustrado. Cabe pensar en una etapa de formación intensiva para los botánicos, desde su nombramiento oficioso, propiciado por C. Gómez Ortega, en noviembre de 1776 hasta el momento de partir hacia América un año después.

El viaje desde la Corte al puerto de Cádiz transcurre con normalidad; en Cádiz embarcaron a bordo de "El Peruano", tras seis meses de navegación, en los inicios de abril de 1777, arribaron al puerto de El Callao. Lima, la capital del Virreinato, recibió a los viajeros europeos con los lujos y agasajos de una Corte; las recepciones coparon el mes de abril. A comienzo de mayo dan inicio los trabajos de herborización, primero en las proximidades de Lima; luego trabajaron en las provincias costeras del norte del Perú, Huaura y Lurín, donde acuden, como acostumbra la alta sociedad limeña, a disfrutar de su benigno clima y de la frondosidad de su valle.

La actividad de estos europeos, cuidadosamente acicalados, pero recorriendo a pie los campos con las carpetas debajo del brazo para recoger plantas, llamó poderosamente la atención de los naturales, no acostumbrados a tales ejercicios. El pueblo acuñó para ellos el nombre de "brujos yerbateros", con el que se les reconocerá desde entonces.

En diciembre de 1781 todo el equipo expedicionario parte hacia un nuevo destino, Talcahuano, en Chile. Atracaron en Talcahuano el 30 de enero de 1782, allí estaba la escuadra española y Ambrosio O'Higgins, Mariscal de Campo y Gobernador en funciones de la provincia, quien les ofrece todas las facilidades para el trabajo.

En mayo de 1784 la investigación se centrará en los bosques de quinos, se herborizará menos, pero se estudiarán, con mucho detenimiento, durante largos períodos, en contacto directo con los cascarilleros, la forma de beneficiar el producto y los distintos tipos de árboles. En este trabajo invirtieron los expedicionarios el período comprendido entre mayo de 1784 y octubre de 1787.

 

El 31 de marzo de 1788, Ruiz y sus compañeros embarcaron en El Callao con destino a Cádiz. El 12 de octubre de 1788 los expedicionarios atracan en Cádiz, en esta ciudad permaneció Ruiz durante diez días a causa, una vez más, de su frágil estado de salud. Pavón e Gálvez salieron hacia Madrid el 18 de octubre; unos días después lo haría H. Ruiz, acompañando a las plantas. El 16 de diciembre Ruiz entraba en Madrid, donde fue recibido por su tío y por Casimiro Gómez Ortega. De este modo acababa una aventura que los expedicionarios vivieron marcada por las penalidades, la adversidad, la enfermedad y la muerte.

A su regreso a la metrópoli, como solución coyuntural, los expedicionarios fueron agregados al Real Jardín Botánico, aunque nunca quedaron integrados en su cuerpo laboral, de modo que el trabajo desempeñado por éstos se desarrolló de manera paralela a las actividades de esta institución.

En agosto de 1792, cuatro años después de su regreso, Ruiz y el resto de los expedicionarios disponen de una sede propia para la "Oficina de la Flora Americana", cuyo objetivo central será la edición de una Flora Peruviana et Chilensis, de la que, en vida de sus autores, vio la luz un Prodromus. (Madrid, 1794) y los tres primeros volúmenes de la obra (Madrid, 1798-1802), firmados conjuntamente por Hipólito Ruiz y José Pavón. No obstante, el carácter utilitario que Gómez Ortega imprimió al proyecto, hizo que éste se decantara hacia la utilidad terapéutica y comercial de los vegetales americanos; no en vano el primer resultado publicado de esta Expedición fue una Quinología. (Madrid, 1792), firmada sólo por Hipólito Ruiz, prontamente traducida al italiano (Roma, 1792) y al alemán (Göttingen, 1794) y, parcial y posteriormente, al inglés (Londres, 1821).

Además de su trabajo en la "Oficina de la Flora Americana", Hipólito Ruiz supo dar nuevos derroteros a su vida profesional. Apenas un año después de llegar a Madrid tras la experiencia americana, el 5 de febrero de 1790, obtuvo el título de boticario por el que se le permitía "asentar y poner su botica pública"; ésta se ubicó en Madrid, en la calle Encomienda esquina a Mesón de Paredes. Su nueva profesión, y el continuo apoyo de Gómez Ortega, le hicieron tomar parte muy activa en la vida corporativa farmacéutica; entre 1798 y 1806 ocupó el cargo de primer secretario del Colegio de Boticarios de Madrid; en 1814 fue nombrado Visitador de Boticas de Madrid; con anterioridad había rechazado el nombramiento, ofertado en 1809 por el Gobierno intruso, de Examinador Supernumerario del Consejo de Sanidad; pese a ello, su nombre figuró en la relación elaborada por José Bonaparte como adecuados para ejercer la enseñanza de la Botánica.

Hipólito Ruiz falleció en Madrid, en 1816, a consecuencia de un derramamiento masivo de sangre por las fosas nasales.

RAIMUNDO DE MIGUEL Y NAVAs

Nació el 15 de marzo de 1816 en la villa de Belorado (Burgos). Estudió Filosofía y Teología y en 1838 obtiene el título de profesor de Humanidades y más tarde, por oposición, una cátedra de Retórica en el colegio de Orduña (Vizcaya) y otra análoga en Castrojeriz (Burgos). En 1846 fue nombrado catedrático de Latín y Castellano en el Instituto de Segunda Enseñanza de Burgos ocupando en el mismo centro, a partir de 1856, la cátedra de Retórica y Poética. En 1861 se traslada a Madrid a impartir esta misma asignatura como Catedrático en el Instituto de San Isidro.

En el ejercicio de su cargo durante cuarenta años alcanzó una gran reputación, pero fueron las publicaciones de sus doctas obras literarias las que le dieron un renombre que aún se mantiene en la actualidad, debido fundamentalmente a su obra más célebre, el Nuevo Diccionario Latino-español etimológico. Hasta julio de 1867, fecha en la que se presenta el diccionario, no existía en Lengua Española un compendio tan exhaustivo de la lengua de la antigua Roma. Conocido como el “de Miguel” este libro sigue siendo una obra de referencia fundamental para todos los estudiosos de la lengua latina y los meros interesados en la etimología de la lengua castellana. Otras obras suyas, aunque menos conocidas, siguen gozando de validez como obras de consulta en gramática castellana y latina, retórica y poética o filología. También escribió libros de poesía y fábulas morales.

 Manuel Feliciano Vitores era natural de Belorado. Empresario audaz, aunque injustamente olvidado, su nombre está escrito con letras de oro en la historia del cine español.

Gracias a él se realizó la primera película sonora del celuloide patrio, “El misterio de la Puerta del Sol”. Además, obra en su currículum la autoría del primer monólogo de humor -hoy convertido en todo un género- nunca antes grabado: el protagonizado por el irrepetible Ramón Gómez de la Serna que hoy.

En 1927, el norteamericano Lee de Forest había aterrizado en Europa con un sorprendente artilugio bautizado Phonofilm, mediante el cual se había proyectado, con un éxito inenarrable, la película The Jazz Singer. El impacto de este filme, el primer sonoro de la historia, supuso una revolución. Durante su visita a España, De Forest hizo unos pocos pases privados, siendo Primo de Rivera uno de sus privilegiados espectadores. Antes de regresar a Estados Unidos, el yanqui tuvo la fortuna de hacer caja vendiendo el invento a tres industriales: Enrique Urazandi, Agustín Bellapart y Feliciano Manuel Vitores, quienes se asociaron en la empresa Hispano de Forest Fonofilm.

La adquisición les otorgaba las patentes del invento en España y Portugal, sus derechos durante diez años y la posesión de un paquete de películas. Con el centro de operaciones en Barcelona, donde se crearon unos estudios, la sociedad anónima decidió dar a conocer el Phonofilm de forma itinerante por toda España: Madrid, Burgos, Bilbao, San Sebastián, Barcelona o Logroño fueron algunas de las ciudades en las que se exhibió el milagroso aparato. Sin embargo, la compleja instalación y el arcaico funcionamiento del aparataje convirtieron cada exhibición en un desastre. Las críticas fueron durísimas. Y aunque las giras continuaron, la empresa entró en crisis, precipitándose su liquidación.

Sin embargo, el empresario beliforano no se dio por vencido y decidió quedarse como único propietario. Ya entonces tenía en mente la única salida posible para remontar la situación de la Hispano de Forest Fonofilm: la producción de un largometraje sonoro en español.

Vitores logró reunir un importante suma de dinero (18.000 pesetas) y contrató, como director y guionista, a un onubense: Francisco Elías, que ya había dirigido varias películas mudas. El elenco de actores fue asimismo importante: el actor de moda Juan de Orduña (quien años más tarde sería director), Teresa Penella, Anita Moreno, Jack Castello y Antonio Barber. Entre octubre y noviembre de 1929 se rodó la película. Los exteriores, claro, en la Puerta del Sol y en la Gran Vía; los interiores fueron filmados en un hotel propiedad del industrial beliforano en la Ciudad Lineal así como en los talleres de dos periódicos: el Heraldo de Madrid y El Liberal.

El misterio de la Puerta del Sol narra la rocambolesca historia de Pompello Pimpollo (Juan de Orduña) y Rodolfo Bambolino (Antonio Barbero), dos linotipistas que prueban suerte como actores durante la visita a Madrid del director Edward S. Carawa (Jack Castello) y su estrella, Lía de Golfi (Anita Moreno). Al ser rechazados, traman fingir la muerte violenta de uno de ellos con el fin de llamar la atención. Sueños, crímenes, deseo... El guión del película ha sido considerado como ‘bueno’, si bien el éxito cosechado por la cinta fue nulo debido a las numerosas deficiencias. La película se estrenó en el Coliseo Castilla de Burgos un año después, en enero de 1930. Quizás por la condición de burgalés del productor, la crítica fue benévola.

«La sincronización conseguida es perfecta; la palabra se corresponde exactamente con los movimientos de los labios. La amplitud precisa de los sonidos es algo más difícil de conseguir (...) La lucha que el señor Vitores ha emprendido por la producción española de la película hablada es digna de aliento y estímulo, y el rasgo de ofrecer a Burgos la virginidad de su primera obra es de agradecer y de aplaudir» (Diario de Burgos). Lamentablemente, no sucedió lo mismo en otras ciudades. El fracaso fue estrepitoso y llevó a la ruina al beliforano.

A comienzos del año 1995 la Filmoteca Nacional hizo pública su nueva adquisición. Se trataba de una copia de El misterio de la Puerta del Sol que se creía desaparecida pero que había permanecido oculta en cuatro latas metálicas ostensiblemente oxidadas en un desván de la casa de los herederos de Vitores en Belorado. Convenientemente rehabilitada, la película de nitrato recobró la vida, permitiendo así la posibilidad de estudiar los orígenes del cine sonoro en España. Una aventura inédita y maravillosa.

Sus Obras:

Curso práctico de latinidad o Colección de piezas escogidas de los Clásicos Latinos, dispuestas en orden conveniente, e ilustradas con notas y comentarios por... (1859)

Aparición de la Santísima Virgen del Pilar de Zaragoza al Apóstol Santiago, patrón de las Españas. (1863)

Nuevo diccionario latino - español etimológico. (1867 reeditado en 2001)

 Colección de piezas literatias selectas. Latinas y Castellanas, mandada formar y anotar de Real Orden para uso de las clases elementales de latín y castellano de los establecimientos públicos del Reino. Raimundo de Miguel y el Marqués de Morante (1868).

Fábulas morales escritas en variedad de metros por... (1874)

Poesías de Don Raimundo de Miguel. (1877)

(1895) Exposición gramatical, crítica, filosófica y razonada de la epístola de L. Horacio Flaco á los Pisones sobre el arte poética. (1877)

Elementos de mitología, ritos y costumbres de los antiguos Romanos, y nociones elementales de retórica y poética. (1899)

Gramática hispano-latina, teórico-práctica para el estudio simultáneo de las lenguas latina y castellana comparadas. (1900)

Gramática elemental de la lengua castellana para uso de los niños que concurren á las escuelas de instrucción primaria dispuesta bajo un método fácil y sencillo. (1901)

Curso elemental teórica-práctico de retórica y poética acomodado á la índole de los estudios de 2ª enseñanza.

Falleció en Madrid, a los sesenta y dos años, el 27 de marzo de 1878.

 

FELICIANO MANUEL VITORES

Manuel Feliciano Vitores era natural de Belorado. Empresario audaz, aunque injustamente olvidado, su nombre está escrito con letras de oro en la historia del cine español.

Gracias a él se realizó la primera película sonora del celuloide patrio, “El misterio de la Puerta del Sol”. Además, obra en su currículum la autoría del primer monólogo de humor -hoy convertido en todo un género- nunca antes grabado: el protagonizado por el irrepetible Ramón Gómez de la Serna que hoy.

En 1927, el norteamericano Lee de Forest había aterrizado en Europa con un sorprendente artilugio bautizado Phonofilm, mediante el cual se había proyectado, con un éxito inenarrable, la película The Jazz Singer. El impacto de este filme, el primer sonoro de la historia, supuso una revolución. Durante su visita a España, De Forest hizo unos pocos pases privados, siendo Primo de Rivera uno de sus privilegiados espectadores. Antes de regresar a Estados Unidos, el yanqui tuvo la fortuna de hacer caja vendiendo el invento a tres industriales: Enrique Urazandi, Agustín Bellapart y Feliciano Manuel Vitores, quienes se asociaron en la empresa Hispano de Forest Fonofilm.

La adquisición les otorgaba las patentes del invento en España y Portugal, sus derechos durante diez años y la posesión de un paquete de películas. Con el centro de operaciones en Barcelona, donde se crearon unos estudios, la sociedad anónima decidió dar a conocer el Phonofilm de forma itinerante por toda España: Madrid, Burgos, Bilbao, San Sebastián, Barcelona o Logroño fueron algunas de las ciudades en las que se exhibió el milagroso aparato. Sin embargo, la compleja instalación y el arcaico funcionamiento del aparataje convirtieron cada exhibición en un desastre. Las críticas fueron durísimas. Y aunque las giras continuaron, la empresa entró en crisis, precipitándose su liquidación.

Sin embargo, el empresario beliforano no se dio por vencido y decidió quedarse como único propietario. Ya entonces tenía en mente la única salida posible para remontar la situación de la Hispano de Forest Fonofilm: la producción de un largometraje sonoro en español.

Vitores logró reunir un importante suma de dinero (18.000 pesetas) y contrató, como director y guionista, a un onubense: Francisco Elías, que ya había dirigido varias películas mudas. El elenco de actores fue asimismo importante: el actor de moda Juan de Orduña (quien años más tarde sería director), Teresa Penella, Anita Moreno, Jack Castello y Antonio Barber. Entre octubre y noviembre de 1929 se rodó la película. Los exteriores, claro, en la Puerta del Sol y en la Gran Vía; los interiores fueron filmados en un hotel propiedad del industrial beliforano en la Ciudad Lineal así como en los talleres de dos periódicos: el Heraldo de Madrid y El Liberal.

El misterio de la Puerta del Sol narra la rocambolesca historia de Pompello Pimpollo (Juan de Orduña) y Rodolfo Bambolino (Antonio Barbero), dos linotipistas que prueban suerte como actores durante la visita a Madrid del director Edward S. Carawa (Jack Castello) y su estrella, Lía de Golfi (Anita Moreno). Al ser rechazados, traman fingir la muerte violenta de uno de ellos con el fin de llamar la atención. Sueños, crímenes, deseo... El guión del película ha sido considerado como ‘bueno’, si bien el éxito cosechado por la cinta fue nulo debido a las numerosas deficiencias. La película se estrenó en el Coliseo Castilla de Burgos un año después, en enero de 1930. Quizás por la condición de burgalés del productor, la crítica fue benévola.

«La sincronización conseguida es perfecta; la palabra se corresponde exactamente con los movimientos de los labios. La amplitud precisa de los sonidos es algo más difícil de conseguir (...) La lucha que el señor Vitores ha emprendido por la producción española de la película hablada es digna de aliento y estímulo, y el rasgo de ofrecer a Burgos la virginidad de su primera obra es de agradecer y de aplaudir» (Diario de Burgos). Lamentablemente, no sucedió lo mismo en otras ciudades. El fracaso fue estrepitoso y llevó a la ruina al beliforano.

A comienzos del año 1995 la Filmoteca Nacional hizo pública su nueva adquisición. Se trataba de una copia de El misterio de la Puerta del Sol que se creía desaparecida pero que había permanecido oculta en cuatro latas metálicas ostensiblemente oxidadas en un desván de la casa de los herederos de Vitores en Belorado. Convenientemente rehabilitada, la película de nitrato recobró la vida, permitiendo así la posibilidad de estudiar los orígenes del cine sonoro en España. Una aventura inédita y maravillosa.

Vasija

 

(Fuente:www.belorado.es)